Fulanita Fest convierte Fuengirola en un canto libre a la diversidad

En su cuarta edición, el festival reafirma su compromiso con la inclusión, la música y las nuevas generaciones, marcando un antes y un después en la escena cultural andaluza

Con el mar como telón de fondo y una marea multicolor que inundó cada rincón del recinto, Fulanita Fest volvió a convertir Fuengirola en epicentro de libertad, diversidad y cultura. En su tercera edición, el festival no solo marcó el inicio de la temporada veraniega en Málaga, sino también un paso firme hacia una industria musical más inclusiva y representativa.

Desde primera hora de la tarde, miles de asistentes —mayoritariamente mujeres, muchas jóvenes, otras no tanto, pero todas vibrando en una misma frecuencia— ocuparon el Marenostrum con pancartas, abanicos, purpurina y una energía que desbordaba las vallas. Allí no solo se venía a bailar: se venía a ser.

El escenario se abrió con la frescura de Ebhel, ganadora del certamen de artistas emergentes. Su propuesta íntima y directa fue una declaración de intenciones: el festival apuesta también por nuevas voces en un panorama todavía desigual.

Le siguió La Mare, con una puesta en escena que mezclaba el folclore andaluz, ritmos mestizos y letras comprometidas. Su directo fue cálido pero contundente, mostrando que la música puede ser tanto refugio como denuncia.

Lia Kali cambió la temperatura con su mezcla de soul, rap y electrónica. Conectó de forma visceral con una audiencia que no solo la escuchaba, sino que la sentía.

Uno de los momentos más esperados fue la actuación de Vanesa Martín. Su concierto fue elegante, honesto y emocionante. Entre lo nuevo y lo conocido, su repertorio sirvió como puente generacional y reafirmó por qué ocupa este escenario.

La intensidad no decayó con Ptazeta, que ofreció uno de los directos más eléctricos de la noche. Con una propuesta potente, hizo del escenario un lugar de reivindicación queer y feminista sin necesidad de discursos: su presencia lo decía todo.

Para cerrar, Sofía Cristo convirtió el recinto en una auténtica fiesta colectiva. Su sesión mantuvo al público en pie hasta el final, en un espacio seguro donde las identidades se celebraban con orgullo.

Fulanita Fest consolida un modelo de festival donde la música y la lucha conviven con naturalidad. Lejos del postureo, apuesta por otra forma de hacer cultura: con compromiso y con perspectiva. Un festival que no solo entretiene, sino que transforma. Que no pide espacio: lo crea.

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